lunes, 24 de enero de 2011

sorry

igual que como puse en mi otra novela, por motivos.... emocionales, por el momento no puedo continuar escribiendo Melanie.

Lo siento, again, prometo que en cuanto mi ánimo vuelva a la normalidad, seguiré con mi novela.
XOXO.
Melanie

viernes, 19 de noviembre de 2010

Melanie-capítulo 2 primera parte

Volé de regreso a casa, en donde se que me espera una bronca.
En efecto, cuando llegué a la puerta ésta se abrió y mamá salió.

-¿En dónde estabas Melanie?-gritó.
-A diez minutos de aquí.
-¿Fuiste a esa fiesta verdad?
-Claro mamá, sobre todo vestida así.
-¡No te vengas a burlar de mí! Se que fuiste a ver a Nidia.
-¡Sí! Fui a verla, pero nos separamos a medio camino, como a ella si la dejaron ir a la fiesta...-dejé la frase sin terminar.

Mamá guardó silencio por unos segundos.

-Entra a la casa-ordenó.

Pasé caminando rápido y me encerré en mi habitación.
Estaba segura de que me seguiría, pero me equivoqué. Me cambié rápidamente y me tumbé en la cama; jalé la cuerda a mi derecha y el techo de hoja se abrió, revelando las mismas estrellas que el chico de ojos grises había contemplado.
Las observé durante largo rato, analizando lo ocurrido esta noche.
No sé que pase en el futuro, pero se que al menos ahora no puedo dejar de pensar en él.
"¿Qué estás haciendo? ¡Es humano!" me reprendió una voz en mi cabeza, pero la mandé callar distraidamente.

-Sólo quiero saber tu nombre-susurré.

Me quedé dormida al poco tiempo, lo que no impidió que pensara en él, pues estuvo en mis sueños durante toda la noche.

Desperté con una energía poco usual en mí, aún tratándose de sábado.
Me levanté rápidamente, me di un baño con una gota de rocío y me puse uno de mis mejores vestidos.
Salí de mi habitación y tomé un trozo de manzana como desayuno.

-Mamá iré a ver a Nidia.-le dije al verla en la cocina.
-¿Me estás avisando o me estás pidiendo permiso?-respondió.

 "Avisando" pensé.

-Pidiendo permiso mamá.
-Ok, ¿A que hora regresas?
-Entre doce y una.
-¿Doce o una?
-Una mamá.
-Ok, con cuidado.


Salí y eché a volar en dirección a casa de Nidia, pues aunque no miré hacia atrás, sé que mamá seguramente está en la puerta.
Cuando ya no alcanzaba a ver mi casa di la vuelta a la derecha y salí del parque, cuidando que no me vean.
Llegué a casa del chico de los ojos grises unos veinte minutos más tarde.
Me asomé por una ventana que resultó dar a la cocina, pero no vi a nadie. Aproveché que la ventana tiene un pedazo roto y entré.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Melanie-capítulo 1 segunda parte

En cuanto alcancé la puerta levanté el vuelo y miré rápidamente hacie atrás para ver a mamá de pie en la puerta, más no me siguió.
Llegué rápidamente a casa de Nidia y entré sin tocar. Su mamá, acostumbrada a mis entradas melodramáticas no replicó, ni siquiera levantó la vista del libro que leía.

-Está en su cuarto-me indicó.

Crucé la sala casi corriendo y me lancé a la cama junto a ella.

-¿No te dejó verdad?-preguntó.
-No, estoy destinada a quedarme en casa por los próximos diez años.

La miré y vi que ya trae puesto su vestido de fiesta y su cabello está peinado en suaves rizos.

-¿A qué hora te vas?
-En unos diez minutos, pero puedo esperar.
-No, descuida, volveré a casa.
-¿Por qué no me esperas y nos vamos juntas? Nos separamos hasta medio camino.

Sonreí.

-Está bien, no quiero estar sola.
-Sabes que me puedo quedar...-dijo pero su mirada me rogaba que dijera que no.
-Descuida, voy a estar bien.

La ayudé a terminarse de arreglar y salimos de su cuarto.

-Buenas noches señora-dije, un tanto arrepentida de mi entrada.
-Buenas noches Mel-dijo con una sonrisa.
-Ya me voy mamá-dijo Nidia.
-¿A qué hora regresas?
-No sé, te veo más tarde.
-Ok, diviértete.

"¡Así de simple!" pensé. A mi me hubieran hecho pasar por algo parecido a un interrogatorio judicial antes incluso de darme permiso.
Salí con Nidia y levantamos el vuelo. Habíamos recorrido la mitad del parque cuando escuchamos una voz. Como dicta la costumbre bajamos al suelo para evitar ser descubiertas.

-¿Qué es eso? Es demasiado tarde para que haya humanos por aquí.-dije.
-No lo sé, pero creo que no nos vieron. Debo irme Mel, nos vemos mañana.
-Adiós.

Nos abrazamos y ella salió volando rumbo al este. Me dispuse a volver a casa cuando la voz que había escuchado comenzó a gritar, llamando mi atención.

-¡Es por él! No sé como pude ser tan ciego...-decía una voz masculina.
-¿Sabes que no es así!-respondió otra voz, esta vez de chica.

Decidí acercarme un poco más para ver que sucedía. Subí a la copa de un arbol y miré hacia abajo.
Como deduje por las voces hay dos chicos discutiendo. De pronto él la tomó por los hombros y abrió un poco el cuello de su blusa.

-Entonces explícame que es esto.-dijo señalando una manchita roja en su cuello.
-No es nada-dijo ella cubríendose-seguramente lo hiciste y no te diste cuenta.
-¡Amanda por favor! Ambos sabemos que está pasando.


La chica dudo que contestar por un segundo, pero vi la resolución en su mirada antes de que volviera a hablar.

-Está bien, si salgo con Diego, pero tú tienes la culpa, últimamente ya nunca estás conmigo, necesito alguien con compartir mis cosas, mi tiempo.
-Y al parecer la cama- dijo el chico.

Ella levantó la mano y le dió una cachetada.

-Nunca vuelvas a hablarme así-dijo ella.
-No será un problema-dijo el dándose la vuelta.
-¿A dónde vas? ¡No puedes dejarme aquí!- gritó ella.

Pero el ni siquiera la miró si no que siguió su camino.
Me debatí sobre que hacer y decidí seguirlo. Caminó durante varios minutos, al parecer sin un rumbo fijo. Finalmente, ignorando el letrero de: "No pisar el césped" cruzó una serie de arbustos y se acostó sobre el pasto.
Por primera vez pude mirar su rostro.
No debe tener más de diecisiete años, su cabello es castaño claro y sus ojos son grises, aunque puedo asegurar que de día se verían azules.
Hermoso. Si, esa sería la palabra para describirlo. Su belleza me cautivó de una forma desconocida, nunca he conocido a un chico así.
Una lágrima resbaló por su mejilla mientras él mira las estrellas resplandecientes.
Siento un impulso incontrolable por acercarme y consolarlo, pero me detuve de una hoja para no moverme. Es la primera regla de nuestro mundo, nunca hablar con los humanos.
¡Odio tanto esto! Pero no tengo más opción que quedarme quieta sin hacer ruido.
Los minutos pasaron hasta formar una hora y luego dos. Él no se movió, continuó derramando lágrimas en silencio, y limpiándoselas de vez en cuando. Yo me mantuve en el árbol, admirándolo y ansiando reunirme con él.
Finalmente se puso de pie, ignorando la tierra que cubría la parte posterior de sus jeans. Hecho a andar y aunque dudé por unos instantes, fui tras él.

Se metió por unas calles desconocidas para mí, alejándose cada vez más del parque. Espeero que no tome algún tipo de transporte o de lo contrario lo perderé.
Pero no lo hizo. Después de unos quince minutos de caminar llegamos a una casa blanca con una sencilla puerta negra. Sacó una llave y entró.
Ya no lo seguí, corro el riesgo de quedar atrapada.
-"Si tan sólo supiera tu nombre"-susurré a la noche.
Remonté una corriente de aire para volver a casa, prometiéndome a mí misma que volvería.

martes, 9 de noviembre de 2010

Melanie

-No puedes faltar a la fiesta Mel, ¡Serás la única que no irá!-dijo Nidia.
-Ya lo sé. Déjame hablar con mi madre y te aviso-respondí.
-No te tardes, te veo en tres horas en el parque.

Me di la vuelta y levanté el vuelo hacia mi casa. Mis alas aún no alcanzan su tamaño definitivo, pero desde hace un par de años ya soy capaz de levantar el vuelo. Es bastante molesto tener alas y no poderlas ocupar, por eso esperamos tan ansiosamente el momento en que son capaces de soportar nuestro peso.
Hace más de una semana le pedí permiso a mi mamá para ir a la fiesta, pero, como siempre, me dijo que no.
Estoy de acuerdo en que nuestra talla nos hace un poco más vulnerables ante los humanos, pero no es motivo para que se porte así conmigo. ¡Tengo dieciseis años! Y, a mis deciseis, pocas veces he ido a una fiesta.
Si todas las fiestas fueran en el parque sería más sencillo, pero la de hoy, como la mayoría es en un jardín un par de cuadras al norte.
Mis esperanzas son casi nulas, pero aún asi trataré de convencerla una vez más.
Llegué a casa quince minutos antes de la hora indicada; necesito puntos a mi favor antes de hablar con ella.

-¡Hija que bueno que llegas! ayúdame con la comida-dijo mamá al verme.

Dejé mi bolso en el sofá y fui a la cocina.

-Hola-dije mientras tomaba un tazón de la repisa.

Comencé a partir en trozos la hoja de lechuga. Odio que mamá compre comida que es más grande que nosotras, no es natural.

-¿Cómo te fue hoy?-me preguntó.

Perfecto, lo que necesitaba para sacar el tema.

-Bien mamá, estuve platicando con Nidia.
-¿Y de qué hablaban?
-De varias cosas, pero principalmente de la fiesta de hoy en la noche. Ya sabes, todas las de la prepa irán, además de que tiene tiempo que compre un vestido y no he tenido la oportunidad de estrenarlo.
-Ah...
-¿Podrías reconsiderar la idea de dejarme ir?
-No Melanie.
-¿¡Pero por qué no?!
-Porque dije que no.

Su respuesta me hizo enojar de sobremanera.

-Esa no es una buena razón y lo sabes-repliqué apretando los dientes.
-No me interesa. Dije que no, y no vas.

Me di la vuelta hecha una furia y entre a mi habitación. La hoja de árbol que cubre la entrada ondeó detrás de mi cuando me arrojé sobre la cama.
En realidad se trata de musgo apilado cuidadosamente en un montón con una hoja por cobija. En mis excursiones al mundo humano (obviamente a escondidas de mi madre) he descubierto un universo completamente diferente al mío.
Las camas son suaves y mullidas; tienen aparatos que permiten ver lo que sucede en diversos lugares del mundo ¡Y los ordenadores! podría estar horas sentada frente a uno, descubriendo las maravillas que me rodean.
¡Cómo quisiera ser humana! Que mi pequeña estatura no fuera un impedimento para hacer mi vida, ser feliz sin la constante interferencia de mi madre.
Unos ligeros golpecitos en la pared me indicaron que mamá está afuera.

-Tenemos que hablar Melanie, sal por favor.

Me levanté y secándome unas lágrimas necias, salí. Mamá me espera en la cocina.

-¿Qué pasó madre?
-¿Por qué quieres ir a esa fiesta?-preguntó.
-¡Por que todas van a ir! No puedo ser la única que falte.
-¿No entiendes que lo único que quiero es cuidarte? Es muy peligroso salir del parque, el mundo humano no es seguro.
-¿Y cuándo será seguro? Sólo me faltan unos dos centímetros  para alcanzar mi estatura definitiva. No seré mucho más grande de lo que soy ahora.
-Pero para cuando llegue ese momento sabrás defederte mejor.
-¡Es una fiesta mamá! Sólo eso, y debes entender que la gente no está a mi disposición para que todo gire en torno a lo que tú me dejas hacer-la reté.
-Mira, traté de que entendieras las cosas, pero ya veo que no es posible, no eres lo suficientemente madura. No puedes ver más allá de lo que quieres hacer, entonces, simplifiquemos las cosas. Dije que no vas y se acabó.
-Perfecto-dije-cuando tenga veinte y me vaya para no volver, te acordarás de este momento.

Salí de la casa a paso rápido antes de que ella pudiera detenerme.