martes, 9 de noviembre de 2010

Melanie

-No puedes faltar a la fiesta Mel, ¡Serás la única que no irá!-dijo Nidia.
-Ya lo sé. Déjame hablar con mi madre y te aviso-respondí.
-No te tardes, te veo en tres horas en el parque.

Me di la vuelta y levanté el vuelo hacia mi casa. Mis alas aún no alcanzan su tamaño definitivo, pero desde hace un par de años ya soy capaz de levantar el vuelo. Es bastante molesto tener alas y no poderlas ocupar, por eso esperamos tan ansiosamente el momento en que son capaces de soportar nuestro peso.
Hace más de una semana le pedí permiso a mi mamá para ir a la fiesta, pero, como siempre, me dijo que no.
Estoy de acuerdo en que nuestra talla nos hace un poco más vulnerables ante los humanos, pero no es motivo para que se porte así conmigo. ¡Tengo dieciseis años! Y, a mis deciseis, pocas veces he ido a una fiesta.
Si todas las fiestas fueran en el parque sería más sencillo, pero la de hoy, como la mayoría es en un jardín un par de cuadras al norte.
Mis esperanzas son casi nulas, pero aún asi trataré de convencerla una vez más.
Llegué a casa quince minutos antes de la hora indicada; necesito puntos a mi favor antes de hablar con ella.

-¡Hija que bueno que llegas! ayúdame con la comida-dijo mamá al verme.

Dejé mi bolso en el sofá y fui a la cocina.

-Hola-dije mientras tomaba un tazón de la repisa.

Comencé a partir en trozos la hoja de lechuga. Odio que mamá compre comida que es más grande que nosotras, no es natural.

-¿Cómo te fue hoy?-me preguntó.

Perfecto, lo que necesitaba para sacar el tema.

-Bien mamá, estuve platicando con Nidia.
-¿Y de qué hablaban?
-De varias cosas, pero principalmente de la fiesta de hoy en la noche. Ya sabes, todas las de la prepa irán, además de que tiene tiempo que compre un vestido y no he tenido la oportunidad de estrenarlo.
-Ah...
-¿Podrías reconsiderar la idea de dejarme ir?
-No Melanie.
-¿¡Pero por qué no?!
-Porque dije que no.

Su respuesta me hizo enojar de sobremanera.

-Esa no es una buena razón y lo sabes-repliqué apretando los dientes.
-No me interesa. Dije que no, y no vas.

Me di la vuelta hecha una furia y entre a mi habitación. La hoja de árbol que cubre la entrada ondeó detrás de mi cuando me arrojé sobre la cama.
En realidad se trata de musgo apilado cuidadosamente en un montón con una hoja por cobija. En mis excursiones al mundo humano (obviamente a escondidas de mi madre) he descubierto un universo completamente diferente al mío.
Las camas son suaves y mullidas; tienen aparatos que permiten ver lo que sucede en diversos lugares del mundo ¡Y los ordenadores! podría estar horas sentada frente a uno, descubriendo las maravillas que me rodean.
¡Cómo quisiera ser humana! Que mi pequeña estatura no fuera un impedimento para hacer mi vida, ser feliz sin la constante interferencia de mi madre.
Unos ligeros golpecitos en la pared me indicaron que mamá está afuera.

-Tenemos que hablar Melanie, sal por favor.

Me levanté y secándome unas lágrimas necias, salí. Mamá me espera en la cocina.

-¿Qué pasó madre?
-¿Por qué quieres ir a esa fiesta?-preguntó.
-¡Por que todas van a ir! No puedo ser la única que falte.
-¿No entiendes que lo único que quiero es cuidarte? Es muy peligroso salir del parque, el mundo humano no es seguro.
-¿Y cuándo será seguro? Sólo me faltan unos dos centímetros  para alcanzar mi estatura definitiva. No seré mucho más grande de lo que soy ahora.
-Pero para cuando llegue ese momento sabrás defederte mejor.
-¡Es una fiesta mamá! Sólo eso, y debes entender que la gente no está a mi disposición para que todo gire en torno a lo que tú me dejas hacer-la reté.
-Mira, traté de que entendieras las cosas, pero ya veo que no es posible, no eres lo suficientemente madura. No puedes ver más allá de lo que quieres hacer, entonces, simplifiquemos las cosas. Dije que no vas y se acabó.
-Perfecto-dije-cuando tenga veinte y me vaya para no volver, te acordarás de este momento.

Salí de la casa a paso rápido antes de que ella pudiera detenerme.

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